“Después del no uso del casco en los motociclistas, el segundo problema más grave que tiene el tránsito en la ciudad son las doble y triple filas de estacionamiento que generan un caos en la circulación”, describió a fin de 2025 el entonces secretario de Movilidad Urbana de la capital, Benjamín Nieva, hoy subsecretario.

La ciudad se encuentra en pleno debate, tanto en el ejecutivo como en el Concejo Deliberante, acerca de cómo ordenar el complicado desorden del tránsito y qué hacer con el estacionamiento medido, sistema que rigió en 300 cuadras del área central durante unos meses, hasta que fue suspendido en 2022 por la Justicia, y luego fue derogada la ordenanza 4.758, que en abril de 2015 había habilitado el llamado a licitación para la implementación del servicio. En abril de este año, la Corte Suprema ratificó el fallo de la Sala II de la Cámara Contencioso Administrativo, que ordenó a la Municipalidad suspender el estacionamiento pago.

“Hoy cualquiera estaciona en cualquier parte y es un caos. Un empleado que entra a trabajar a las 7 de la mañana ocupa un espacio y deja el auto casi todo el día en la vía pública y eso no puede ser. No ocurre en ninguna ciudad importante”, describió el secretario Legal de la Municipalidad de Bella Vista, Fabián Alvarez, cuando esa ciudad implementó el estacionamiento pago, en mayo de 2025.

En coincidencia con Nieva, además del no uso del casco, es el principal problema que debe resolver la capital, con autos que ocupan todo el día un espacio en la calle, incluso en muchas cuadras donde está prohibido, y a partir de allí se genera un efecto cadena que genera dobles y hasta triples filas, provocando cuellos de botella exasperantes.

Entre sus objetivos, el área de Movilidad Urbana municipal planteó que debe trabajarse fuerte en la educación vial, una grave carencia de los tucumanos, priorizar el uso del transporte público, el cual debe mejorar sensiblemente, según reconocieron, e incentivar que la gente camine más, como ocurre en todas las grandes ciudades. “Cuando viajamos a Buenos Aires caminamos diez cuadras como si nada, pero acá queremos llegar con el auto hasta la puerta del destino”, ejemplificó Nieva en ese momento.

Hoy todos coinciden, concejales y funcionarios, en que la foto es un desastre, con cuidacoches o “trapitos” que cobran a su antojo, no pocas veces con situaciones de violencia mediante, y un estacionamiento anárquico en cualquier calle y por tiempo indeterminado.

Este problema, que se hace extensivo a toda el área metropolitana aunque se agrava en la capital por la concentración de vehículos particulares durante las horas pico, debería ser una prioridad a resolver, cualquiera sea el sistema que se elija, y no tendría que seguir aplazándose, tras cuatro años de dilación. Demasiado tiempo para tamaña urgencia, en una ciudad donde los tiempos de traslado se triplican o más de lo que debieran según las distancias.

En una consulta que realizó el municipio se le preguntó a la gente cómo creía que conducía y el 84% respondió que bien o muy bien. Luego se le consultó cómo creía que manejaban los otros y el 87% contestó que mal. Tenemos los tucumanos, además, un serio problema de autopercepción.

Más grave aún que el tránsito enajenado, es lo que resaltó en un foro reciente el antropólogo Pablo Wright, investigador del Conicet y docente de la UBA, cuando advirtió que Tucumán es el cuarto distrito del país con más fallecimientos en siniestros viales.

un juego literario

La realidad argentina es tan compleja que se extraña la inteligencia de quienes supieron dejar en tinta y papel su huella indeleble. Si Borges y Cortázar pudieren jugar con trebejos y escaques del presente, podrían desafiarse e intentar clasificar, como en aquella imaginaria enciclopedia china, los seres de fantasía, o no tanto, protagonistas de nuestra sociedad. Jorge Luis y Julio con categorías cruzadas se divertirían un rato al afirmar que en este laberinto hay “famas” que viven encerrados en sus castillos con guardias en la puerta, otros más jóvenes que siempre tienen clases, los que no pagan impuestos al emperador, los que cobran jubilaciones especiales, algunos que gustan de comprar dólares o conocer la India, los que eligen entre pata o muslo y los que mienten a través de los medios de comunicación. También hay “cronopios” que montados en su utopía, cortan las calles con sus justas marchas, los que escriben canciones de unicornios perdidos, los que levantan banderas y pancartas de variados colores y consignas, los que se niegan a abandonar a los abuelos, otros que siguen usando el correo para comunicarse y los que buscan a los dueños de las billeteras o llaves encontradas. Finalmente están “las esperanzas” que se levantan a las seis de la mañana para ir a trabajar y saludan al barrendero al salir, que hacen la cola del Banco con los otros jubilados, los que siempre hacen las tareas escolares, los que miran los programas de televisión para ver el tiempo, otros que se vacunan en los dispensarios públicos y los que dejan de cargar nafta premium. Todos podemos jugar el juego. El que no ve los privilegios, los paraísos perdidos o se conforma con seguir viviendo, es porque prefiere olvidar que existe la belleza en el amarillo de los tigres. O su desgano por lo lúdico se deba a sentir que poco a poco sus espacios vitales han sido ocupados, ya no tiene sentido el juego literario, cierra la puerta y arroja la llave. Sirvan estas palabras para pensar un poco en nuestra realidad y a la vez homenajear a aquellos que como Borges o Cortázar descubrieron el sendero que lleva del verbo a la pasión y de la emoción a la acción.

Miguel Ángel Reguera miguelreguera@yahoo.com.ar